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La verdad es como el Iceberg

Tan conocida es la frase “La verdad os hará libres”, pero ¿Cuál es la verdad? Para responder esta pregunta encontraremos ineludiblemente en otra frase ampliamente extendida: “Conócete a ti mismo”

Sí, para acceder a la verdad hay que buscarla dentro, no fuera. Fuera encontraremos guías, referentes, analogías, pero dentro, está la piedra filosofal, escondida. Para conocerte a ti mismo es imprescindible recordar otra frase célebre: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Así es, como el Iceberg, lo esencial, lo que le da la flotabilidad y permite emerger, está oculto. ¿Y cuánto es lo que se nos oculta a los ojos? ¡Exacto! Igual que el Iceberg, un 75-80%. De igual manera que el subconsciente-inconsciente. Nos dijeron que sólo creamos en lo que vemos, y de esta forma se aseguraron que se nos escape el 80%. Mente, pensamiento, espíritu, emociones, alma, campo áurico, éter, energía vital, amor, fe, esperanza, alegría, prana, etc, etc, son conceptos que aparecen en nuestra vida cotidiana, pero están negados o ninguneados por la ciencia actual, quien se adjudicó la potestad de reconocer si algo es cierto o no. Curiosamente para la ciencia lo que antes hubiera sido esotérico, como por ejemplo las ondas de radio y la comunicación a distancia en tiempo real, ahora es ciencia.

A veces, cuando la vida nos lleva al límite, recurrimos al alma, la eterna olvidada, para atenderla y sanarnos de manera holística. A partir de ahí, quien está dispuesto a bucear el lado invisible deberá adentrarse en una aventura que implica extravíos, y desafíos propios de nuestra oscuridad y del colectivo. Es un trabajo arduo, porque a cada paso nos encontramos con los nudos, bloqueos y traumas del pasado, ocultos en un desván que tiene todo tipo de suciedad y de alimañas. ¿Cuánto representa? El 80%. ¿Se puede acelerar? Sí, a la medida de cada uno, pero no se puede quitar una higuera que creció desmedidamente durante 30 años en un tiempo caprichoso. ¿Requiere valentía? Por supuesto, a nadie le gusta ver y reconocer sus partes oscuras, pero la recompensa es grandiosa. Cuando emprendemos el viaje…¿vamos solos? Quizá un tramo, pero si estamos con firme decisión nuestros guías se harán eco de nuestro arrojo y nos proporcionarán antorchas de luz en un túnel oscuro y hostil. ¿La recompensa es al final? No es durante todo el camino ya que vamos “desaprendiendo” los hechizos y recordando lo esencial. ¿Y cuál es la recompensa? La verdad, unificada, no fuera, sino en nosotros mismos. ¡Te deseo buen camino!

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