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Los pensamientos

En la mayoría de las cosmovisiones, se reconocen los 4 espacios sagrados del ser humano: Cuerpo, Mente, Alma, Espíritu. En la cultura occidental cuerpo-mente son por amplia mayoría los aspectos más atendidos, aunque al parecer esto también es un fenómeno globalizado. Si trazamos un círculo y lo partimos en cuatro espacios iguales y ponemos en cada uno los citados, no tardaremos en concluir que este reflejo no se condice con el nuestro, o con el comunitario. No tardaremos en concluir que la Mente abarca un espacio excesivo, asfixiando a los demás, en especial Alma y Espíritu. La mente está sobredimensionada en sus funciones controlándolo todo, desde que nos levantamos hasta que nos recostamos. Las preocupaciones son de todo tipo, los miedos también, y el ansia de control la manera de apagar un incendio que es irremediablemente cíclico, como la rueda y el hámster.

A raíz de una intencionada ingeniería de sobredimensión de la mente, nuestros pensamientos son demasiados, de todo tipo, y a veces ni siquiera nuestros. ¿Y porqué la intención de la mente sobredimensionada? Porque ese es el centro de control, donde se afincan los egos.

Cada tanto hay que vaciar la mente para que opere como un ordenador recién reseteado con los programas fundamentales. Una manera recomendable es la actividad psicofísica, otra la meditación. Esta última si está acompañada de la naturaleza resulta mucho más agradable y “natural”. Sin embargo en cualquier momento podemos buscar nuestro espacio para acallar la mente. ¿Se puede callar del todo? No, eso es imposible. ¿Y qué hacemos cuando estamos meditando y nos asaltan todo tipo de pensamientos? Sencillamente no los juzgamos, los observamos como espectadores de nubes pasajeras. Si no juzgas, si no analizas, el pensamiento tal y como viene se va, como una pompa de jabón. Esta técnica sirve para amansar la mente, en todo momento, y para desactivar el juez interno. Deja a los pensamientos ser, pero no te identifiques con ellos, y harás que la mente retroceda para que el resto de espacios sagrados se reequilibren por sí solos. Otra cuestión que ayuda a vaciar la mente es ¡apagar la tele! Recuerda, la mente al servicio del corazón, y no al revés.

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